Paquetes Atléticos VIII

La imagen más lamentable y vergonzosa del Atlético de Madrid de los últimos años, que ya es difícil de superar tras desastres como el del Sardinero (5-1) o de los partidos en el Calderón contra Barcelona (06/07 0-6) o Real Madrid (96/97 1-4; 02/03 0-4; 05/06/ 0-3; 07/08 0-2), merece la edición de un capítulo de los Paquetes Atléticos que precisamente coincide con el dedicado a la temporada del descenso a los infiernos de 2ª. Un capítulo que puede repetirse esta temporada si no se remedia la situación.

La temporada empezó convulsa; como ya se citó en el anterior capítulo, Radomir hizo un buen papel con un Atlético tocado de muerte por Arrigo Sacchi, pero Gil y Gil ya había hecho una de las suyas, tenía firmado un precontrato con el entrenador de moda, nunca mejor dicho, de moda, de esa temporada, el italiano Claudio Rainieri que como se puede apreciar en su palmarés no ha ganado NADA, al estilo de José Antonio Camacho.
El inicio de la temporada con una derrota en casa por 0-2 frente al Rayo presagiaba el naufragio. En la Copa de la UEFA cayó en cuartos de final frente al Lens y en la jornada 26 el farsante italiano dejó de engañar a todos los atléticos. Gil y Gil, en su línea populista, tiró una vez más de Radomir Antic, pero esta vez no pudo ser, el barco del que tantas veces hablaba el serbio como esquema de juego estaba muy tocado y acabó hundiéndose el 7 de mayo de 2000 en el viejo Carlos Tartiere entre las lágrimas de Jimmy Pichichi Hasselbaink.
Tras la confirmación del descenso Gil y Gil decidió deshacerse de Radomir y nombrar a Fernando Zambrano entrenador para intentar hacerse con la Copa del Rey, a la que, paradojas del destino, llegó a una final en la que Toni Jiménez fue el hazmerreír de España con esa jugada desgraciada con Raúl Tamudo y sus lágrimas tras el partido. La temporada acabó con huevos a los jugadores en el último partido frente al Sevilla. Las crónicas decían así. “Toni Jiménez Sistachs tardará en olvidar aquellos minutos en los que se le nubló la vista. Se sentía el único culpable de la derrota. Reacción exagerada. Pero su exacerbado sentido de la profesionalidad siempre la ha hecho autoinculparse de las desgracias de los suyos. Miró a esos 12.000 fieles atléticos que seguían inmóviles en las gradas de Mestalla, sin vida y sin ganas de mover un músculo. Toni, entre sollozos, hizo un gesto cargado de hombría y valor. Lejos de temer la reacción furibunda de una hinchada que hace tres semanas estalló contra su espalda docenas de huevos, se fue hacia ellos sin titubear.
Cientos de atléticos se agolparon hacia él, provocando la alarma entre los vigilantes jurados, ajenos al shock emocional que sufría el portero abatido. Toni se quitó la camiseta, se desajustó los guantes y se los entregó al pueblo entre súplicas de perdón: «¡Lo siento, lo siento!». Las lágrimas le impidieron seguir. Decenas de aficionados olvidaron sus penas y le consolaron aclamando su gesto humano. El gesto de la Copa.”

Lo cierto es que la plantilla del Atlético de Madrid fue de las mejores que ha tenido el club en la era Gil, otra paradoja. Los dueños del Club echaron la culpa del descenso a la Intervención judicial. El 22 de diciembre de 1999, Manuel García Castellón, juez de la Audiencia Nacional, decretó la destitución del presidente del At. Madrid, Jesús Gil, y de todo el Consejo de Administración de la entidad, y la intervención, el embargo y el secuestro de las acciones del Club Atlético de Madrid Sociedad Anónima Deportiva. Además, el citado juez nombró a Luis Manuel Rubí como administrador judicial del club con plenos poderes hasta el 31 de marzo de 2000 para llevar la gestión de la entidad mientras se investigaban los supuestos delitos de estafa, apropiación indebida, falsedad en documento público y mercantil y delitos societarios, que la Fiscalía Anticorrupción cifraba en 9.427 millones de pesetas. Pero el tiempo da y quita la razón y pasados unos años el Tribunal Supremo en su sentencia de 620/2004 ratificó que los dueños del club son unos delincuentes.

Pero de lo que aquí se habla es de los paquetes del Atlético de Madrid que nunca faltan temporada tras temporada. Este año la plantilla se refuerza en la parte de atrás con centrales de renombre como los paraguayos Gamarra y Ayala, que acabaron siendo un fiasco. El fichaje estrella de esta temporada es el portero Toni Jiménez, que venía de hacer una esplendida temporada debajo del larguero del RCD Español. Uno de esos fichajes que no se entiende, puesto que Molina estaba cumpliendo en la portería atlética y dos gallos en un mismo corral no es lo más oportuno. Pero el jugador que finalmente acabó siendo la estrella del equipo, pese al descenso, fue el a la postre casi pichichi del campeonato (Salva Ballesta le superó por 3 goles), el holandés de Surinam procedente del Leeds, Jimmy Floyd Hasselbaink. Quién no recuerda esos cañonazos y esa última victoria en el Bernabéu el 30 de octubre de 1999.


También llegó al club el actual campeón de Europa, Joan Capdevila, que no demostró en el Calderón lo que después demostraría en Riazor o el Madrigal, rozando la entrada en el club de los paquetes atléticos, pero quizá lo más probable sea que su bajo rendimiento fuera fruto de su relación con Bacalardín y Roberto Generoso que le hicieron conocer a fondo la noche madrileña.

El lastre que se soltó esta temporada se hizo a principios y mitad de temporada huyendo del barco que se iba a hundir, como el argentino Chamot y el sevillano José Mari. Salieron ilustres como Delfi Geli, Fortune, Juninho, y otros no tan ilustres como Jugovic, Serena, Torrisi, Jaro, Juan González, Loren, Ramón y Tevenet. Venturín seguía a ver si terminaba de explotar.
Cómo no, no podían faltar los paquetes de cada temporada aunque este año en menor medida. Sin embargo, a pesar de que llegaron pocos, uno de ellos se convirtió en uno de los mayores paquetes de la historia del Atlético de Madrid, el defensa lateral derecho uruguayo Leonel Pilipauskas que afortunadamente sólo jugó 4 partidos, los 4 de ellos perdidos. A saber cuántas comisiones se repartieron Paco Casal y los Gil. Otro que paquete que llegaba como el futuro Schuster, fue el portugués Hugo Leal, que por lo que se pudo comprobar hizo muchos amigos en la noche madrileña. También se produjo la vuelta de Veljko Paunovic que venía de cuajar una gran temporada en el Euro Mallorca de Cúper, pero que quizá las mocitas madrileñas le distrajeron.

Y la cantera, en su línea, pocos y malos. Este año subieron al primer equipo el defensa Gustavo de la Parra que apenas jugó 4 partidos y acabó en el Numancia y Luque, un extremo izquierdo que prometiá, pero que acabó diluyéndose como muchos otros y acabó en el Málaga y el Granada 74.

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